viernes, 30 de octubre de 2020

ROSARIO SANTA MARIA DE GUADALUPE


MISTERIOS DOLOROSOS

(Martes y Viernes)

† Por la Señal de la Santa Cruz

† de nuestros enemigos,

† líbranos Señor, Dios nuestro.

† En el nombre del Padre y del Hijo y

del Espíritu Santo. Amén.

ORACIÓN PARA OFRECER LOS CUARENTA Y SEIS ROSARIOS A LA VIRGEN DE GUADALUPE

¡Oh, Purísima Virgen María de

Guadalupe!, a quien amo tiernamente

como a mi verdadera y dulcísima Madre,

dígnate admitirme en tu sagrada

presencia; aquí vengo a ofrecerte, en

unión de los Ángeles y de los Santos, uno

de los cuarenta y seis rosarios con que

deseo honrarte. Este número debe de

serte muy agradable, puesto que lo has

escogido para que sea el número de las

estrellas, que adornan tu regio manto.

También vengo, Soberana Señora, a

pedirte el remedio de las necesidades

públicas y de las particulares que me

aquejan. (un momento de silencio para

que cada quien exprese su necesidad) ¿A

quién he de recurrir, si no a Ti que eres mi

Madre? Muéstrame la suave compasión

que mostrase a Juan Diego.

Verdad es que no lo merezco porque

no tengo las virtudes de aquel piadoso

indio; más espero de tu misericordia que

me darás un corazón puro y amante como

el suyo, para saber agradecerte. Entonces

podré oír en el fondo de mi alma que

alivias mi pena con aquellas mismas

dulcísimas palabras que dijiste “Hijito mío

no te aflijas ¿Por ventura no estoy aquí yo

que soy tu Madre? ¿Por ventura, no estás

acogido bajo mi amparo?” “¿Se te ofrece

otra cosa?”… Sí, Madre mía, sí se me

ofrece otra cosa, además de la gracia que

te estoy pidiendo, te suplico que bendigas

a tu nación mexicana, para que venga a

ella el Reinado de Jesucristo. De un modo

especial, protege a los que te son más

devotos, para que formando tu familia

íntima en esta vida, tengamos la dicha de

formar parte en tu corte predilecta en el

cielo, donde contigo alabaremos

eternamente al Padre, y al Hijo y al Espíritu

Santo. Amén.

ACTO DE CONTRICIÓN:

Señor Jesucristo, que por mi amor

quisiste nacer en un pesebre y morir en la

cruz, ¡qué grande ha sido mi deslealtad!

¡qué grande mi atrevimiento cada vez que

he faltado a tu ley de amor! Tú, Señor,

mostrándote misericordioso conmigo te

manifiestas Dios, pues en tu ser infinito

cabe infinita bondad. Imploro tu perdón

tanto más necesario cuanto más pecador

me confieso.

¡Perdón, Señor mío! Te ofendí y al

considerarlo siento gran tristeza, pero al

verte en la cruz, mi confianza renace, por

eso, desde el fondo de mi alma, te digo

como el salmista: ¡Apiádate de mi Dios

mío según tu gran misericordia! Amén.

OFRECIMIENTO:

Acuérdate, ¡Oh piadosísima Virgen

María!, que jamás se ha oído decir que

ninguno de los que han acudido a tu

protección, implorando tu asistencia y

reclamando tu socorro, haya sido

desamparado de ti. Animado por esta

confianza, a ti acudo, oh Madre, Virgen de

Vírgenes, y gimiendo bajo el peso de mis

pecados me atrevo a comparecer ante tu

presencia soberana. Oh, Madre de Dios, no

deseches mis súplicas, antes bien,

escúchalas y acógelas benignamente.

Amén.

GLORIA:

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu

Santo. Como era en el principio, ahora y

siempre, por los siglos de los siglos.

Amén.

V. Mi corazón en amarte eternamente

se ocupe.

R. Y mi lengua en alabarte, Madre mía

de Guadalupe.

V. San Juan Diego, predilecto de

María.

R. Oye benigno mi ruego y sé tú mi

protector y guía.

PRIMER MISTERIO DOLOROSO: LA

ORACIÓN DE JESÚS EN EL HUERTO DE

LOS OLIVOS

(Lucas 22, 44). “En medio de la angustia, él oraba más

intensamente, y su sudor era como gotas de sangre que

corrían hasta el suelo.”

PRIMERA PLEGARIA.

Madre nuestra, te suplicamos que en

las horas amargas de la vida, cuando la

angustia y la aflicción nos lastimen,

sepamos escuchar en lo íntimo del alma tu

voz consoladora, como el dichoso Juan

Diego en el Tepeyac. Concede a quienes

contemplamos con fe tu bendita imagen

de Guadalupe gozar por anticipado la

felicidad que en la casa del Padre nos

espera, a cambio de lo cual aceptamos

sobrellevar con firmeza los trabajos que

Dios nos enviare. Amén.

1 PADRE NUESTRO:

Padre nuestro, que estás en el cielo,

santificado sea tu nombre, venga a

nosotros tu reino, hágase tu voluntad, en

la tierra como en el cielo. Danos hoy

nuestro pan de cada día, perdona

nuestras ofensas, como también nosotros

perdonamos a los que nos ofenden. No

nos dejes caer en tentación y líbranos del

mal. Amén.

10 AVE MARÍA:

Dios te salve, María, llena eres de

gracia, el Señor es contigo, bendita tú eres

entre todas las mujeres y bendito es el

fruto de tu vientre, Jesús. Santa María,

Madre de Dios y Madre nuestra, ruega por

nosotros, los pecadores, ahora y en la

hora de nuestra muerte. Amén.

1 GLORIA:

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu

Santo. Como era en el principio, ahora y

siempre, por los siglos de los siglos.

Amén.

V. Mi corazón en amarte eternamente

se ocupe.

R. Y mi lengua en alabarte, Madre mía

de Guadalupe.

V. San Juan Diego, predilecto de

María.

R. Oye benigno mi ruego y sé tú mi

protector y guía.

SEGUNDO MISTERIO DOLOROSO: LA

FLAGELACIÓN DE JESÚS ATADO A LA

COLUMNA

(Juan 19, 1). “Pilato mandó entonces azotar a Jesús.”

SEGUNDA PLEGARIA.

Madre de Dios y Madre nuestra, te

pedimos que así como en el Tepeyac te

dignaste salir al encuentro de Juan Diego

temeroso y apocado que te rehuía, te

dignes asistirnos con tu presencia

materna en el trance de la muerte y

consolarnos en la agonía. De tu valiosa

solicitud esperamos la dicha de

contemplar a Dios tal y como es por toda

la eternidad. Amén.

1 PADRE NUESTRO:

Padre nuestro, que estás en el cielo,

santificado sea tu nombre, venga a

nosotros tu reino, hágase tu voluntad, en

la tierra como en el cielo. Danos hoy

nuestro pan de cada día, perdona

nuestras ofensas, como también nosotros

perdonamos a los que nos ofenden. No

nos dejes caer en tentación y líbranos del

mal. Amén.

10 AVE MARÍA:

Dios te salve, María, llena eres de

gracia, el Señor es contigo, bendita tú eres

entre todas las mujeres y bendito es el

fruto de tu vientre, Jesús. Santa María,

Madre de Dios y Madre nuestra, ruega por

nosotros, los pecadores, ahora y en la

hora de nuestra muerte. Amén.

1 GLORIA:

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu

Santo. Como era en el principio, ahora y

siempre, por los siglos de los siglos.

Amén.

V. Mi corazón en amarte eternamente

se ocupe.

R. Y mi lengua en alabarte, Madre mía

de Guadalupe.

V. San Juan Diego, predilecto de

María.

R. Oye benigno mi ruego y sé tú mi

protector y guía.

TERCER MISTERIO DOLOROSO: LA

CORONACIÓN DE ESPINAS DE NUESTRO

SEÑOR JESUCRISTO.

(Juan 19, 2) “Los soldados tejieron una corona de espinas

y se la pusieron sobre la cabeza. Lo revistieron con un manto

rojo”

TERCERA PLEGARIA.

Madre de todos los hombres, te

suplicamos que así como consolaste a

Juan Diego, abatido por la enfermedad

que minaba la salud y fuerza de su tío,

acudas en auxilio nuestro cuantas veces

nos apartemos de la virtud y atentemos

contra el amor. Madre Santa, que resuene

en nuestros oídos aquel ¿A dónde vas,

hijo mío?, que dijiste a Juan Diego y que

al oírlo dejemos el camino de la mentira,

del fraude, la irresponsabilidad y

comencemos de nuevo a servir a Dios

Amén.

1 PADRE NUESTRO:

Padre nuestro, que estás en el cielo,

santificado sea tu nombre, venga a

nosotros tu reino, hágase tu voluntad, en

la tierra como en el cielo. Danos hoy

nuestro pan de cada día, perdona

nuestras ofensas, como también nosotros

perdonamos a los que nos ofenden. No

nos dejes caer en tentación y líbranos del

mal. Amén.

10 AVE MARÍA:

Dios te salve, María, llena eres de

gracia, el Señor es contigo, bendita tú eres

entre todas las mujeres y bendito es el

fruto de tu vientre, Jesús. Santa María,

Madre de Dios y Madre nuestra, ruega por

nosotros, los pecadores, ahora y en la

hora de nuestra muerte. Amén.

1 GLORIA:

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu

Santo. Como era en el principio, ahora y

siempre, por los siglos de los siglos.

Amén.

V. Mi corazón en amarte eternamente

se ocupe.

R. Y mi lengua en alabarte, Madre mía

de Guadalupe.

V. San Juan Diego, predilecto de

María.

R. Oye benigno mi ruego y sé tú mi

protector y guía.

CUARTO MISTERIO DOLOROSO:

JESÚS CARGA CON LA CRUZ A CUESTAS.

(Juan 19, 17) “Jesús, cargando sobre sí la cruz, salió de la

ciudad para dirigirse al lugar llamado «del Cráneo», en

hebreo «Gólgota».”

CUARTA PLEGARIA.

Madre de los mexicanos, te

suplicamos que así como brotaron rosas

frescas y fragantes en el árido Tepeyac y

se imprimía tu divina imagen en la tilma de

Juan Diego, te dignes hacer florecer en

nuestra alma el amor para que en ellas te

retrates tú, purísima Madre, y podamos

esperar con inquebrantable fe un tránsito

feliz de esta vida a la eterna. Amén.

1 PADRE NUESTRO:

Padre nuestro, que estás en el cielo,

santificado sea tu nombre, venga a

nosotros tu reino, hágase tu voluntad, en

la tierra como en el cielo. Danos hoy

nuestro pan de cada día, perdona

nuestras ofensas, como también nosotros

perdonamos a los que nos ofenden. No

nos dejes caer en tentación y líbranos del

mal. Amén.

10 AVE MARÍA:

Dios te salve, María, llena eres de

gracia, el Señor es contigo, bendita tú eres

entre todas las mujeres y bendito es el

fruto de tu vientre, Jesús. Santa María,

Madre de Dios y Madre nuestra, ruega por

nosotros, los pecadores, ahora y en la

hora de nuestra muerte. Amén.

1 GLORIA:

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu

Santo. Como era en el principio, ahora y

siempre, por los siglos de los siglos.

Amén.

V. Mi corazón en amarte eternamente

se ocupe.

R. Y mi lengua en alabarte, Madre mía

de Guadalupe.

V. San Juan Diego, predilecto de

María.

R. Oye benigno mi ruego y sé tú mi

protector y guía.

QUINTO MISTERIO DOLOROSO: LA

CRUCIFIXIÓN Y MUERTE DE NUESTRO

SEÑOR JESUCRISTO.

(Juan 19, 18) “Allí lo crucificaron; y con él a otros dos, uno

a cada lado y Jesús en el medio.”

QUINTA PLEGARIA.

Madre de los mártires, te suplicamos

que, así como el neófito Juan Diego, tu

embajador, se sintió tan hondamente

solidario ante las necesidades de sus

semejantes, y alcanzó por tu mediación

ante Dios la salud de su afligido tío Juan

Bernardino, te dignes alcanzarnos la

gracia de vivir ese espíritu de servicio a

los demás como verdaderos hermanos de

Jesús. Amén.

1 PADRE NUESTRO:

Padre nuestro, que estás en el cielo,

santificado sea tu nombre, venga a

nosotros tu reino, hágase tu voluntad, en

la tierra como en el cielo. Danos hoy

nuestro pan de cada día, perdona

nuestras ofensas, como también nosotros

perdonamos a los que nos ofenden. No

nos dejes caer en tentación y líbranos del

mal. Amén.

10 AVE MARÍA:

Dios te salve, María, llena eres de

gracia, el Señor es contigo, bendita tú eres

entre todas las mujeres y bendito es el

fruto de tu vientre, Jesús. Santa María,

Madre de Dios y Madre nuestra, ruega por

nosotros, los pecadores, ahora y en la

hora de nuestra muerte. Amén.

1 GLORIA:

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu

Santo. Como era en el principio, ahora y

siempre, por los siglos de los siglos.

Amén.

V. Mi corazón en amarte eternamente

se ocupe.

R. Y mi lengua en alabarte, Madre mía

de Guadalupe.

V. San Juan Diego, predilecto de

María.

R. Oye benigno mi ruego y sé tú mi

protector y guía.

AL FINALIZAR EL ROSARIO

V. ¡Oh Soberano santuario, sagrario

del Verbo eterno!

R. Libra, Virgen, del infierno, a quienes

rezan tu Santo Rosario

V. Emperatriz, poderosa, de los

mortales consuelo.

R. Ábrenos, Virgen, el cielo, con una

muerte dichosa.

V. Y danos pureza de alma.

R. Tú que eres tan poderosa.

V. Dios te salve María santísima,

Estrella de la mañana, faro

resplandeciente que nos conduce al

puerto de salvación, luz divina que ilumina

a los bienaventurados. Dios te salve María

Santísima, hija de Dios Padre, virgen

purísima y castísima antes del parto, en

tus manos encomendamos nuestra fe

para que la ilumines. Llena eres de gracia,

el Señor es contigo, bendita tú eres entre

todas las mujeres y bendito es el fruto de

tu vientre, Jesús.

R. Santa María, Madre de Dios y Madre

nuestra, ruega por nosotros, los

pecadores, ahora, y en la hora de nuestra

muerte. Amén.

V. Dios te salve María Santísima, vida

de los santos, alegría de los ángeles,

esperanza de los hombres, nube luminosa

a cuyo seno bajó el Hijo de Dios. Dios te

salve María Santísima, Madre de Dios Hijo,

virgen purísima en el parto, en tus manos

encomendamos nuestra esperanza para

que la alientes. Llena eres de gracia, el

Señor es contigo, bendita tú eres entre

todas las mujeres y bendito es el fruto de

tu vientre, Jesús.

R. Santa María, Madre de Dios y Madre

nuestra, ruega por nosotros, los

pecadores, ahora, y en la hora de nuestra

muerte. Amén.


V. Dios te salve María Santísima,

modelo de amor, lirio de pureza, imagen

viva de castidad. Dios te salve María

Santísima, esposa de Dios Espíritu Santo,

virgen purísima después del parto, en tus

manos encomendamos nuestra caridad

para que la inflames, nuestras

necesidades para que las remedies,

nuestras almas para que las salves. Llena

eres de gracia, el Señor es contigo,

bendita tú eres entre todas las mujeres y

bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

R. Santa María, Madre de Dios y Madre

nuestra, ruega por nosotros, los

pecadores, ahora, y en la hora de nuestra

muerte. Amén.


Dios te salve María Santísima, océano

de gracias, manantial de misericordia,

soberana emperatriz del cielo y de la

tierra. Dios te salve María Santísima,

templo, trono y sagrario de la Santísima

Trinidad. Virgen concebida sin la culpa del

pecado original.


Dios te salve, Reina y Madre de

misericordia, vida y dulzura y esperanza

nuestra: Dios te salve. A ti llamamos los

desterrados hijos de Eva; a ti suspiramos,

gimiendo y llorando en este valle de

lágrimas. Ea, pues, Señora abogada

nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos

misericordiosos y, después de este

destierro, muéstranos a Jesús, fruto

bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima!

¡oh piadosa! ¡oh dulce Virgen María!

Ruega por nosotros santa Madre de Dios,

para que seamos dignos de alcanzar las

divinas gracias y promesas de nuestro

Señor Jesucristo. Amén.

}


De tus divinos ojos, oh María penden

nuestras felicidades ¡Míranos, Señora, y

no nos desampares!


L E T A N Í A

V. Señor, ten piedad de nosotros

R. Señor, ten piedad de nosotros

V. Cristo, ten piedad de nosotros

R. Cristo, ten piedad de nosotros

V. Señor, ten piedad de nosotros

R. Señor, ten piedad de nosotros

A las siguientes invocaciones vamos a

responder: ¡RUEGA POR NOSOTROS!

Santa María.

Hija predilecta del Padre.

Madre del Verbo Encarnado.

Templo del Espíritu Santo.

Virgen purísima, preservada del

pecado original.

María, hija fiel de Sión.

María, obediente, pobre y humilde.

María, llena de gracia y de todas las

virtudes.

María, discípula perfecta de Cristo.

María, atravesada por la espada del

dolor.

María, entregada al apóstol Juan y a

todos nosotros.

María, imagen purísima de la iglesia.

Santa María de Guadalupe.

Mujer vestida del sol eterno.

Mujer coronada de Estrellas del cielo.

Mujer con la luna perecedera bajo tus

pies.

Estrella de la Evangelización.

Madre del verdadero Dios por quien se

vive.

Madre, tú que amparaste a Juan Diego

y a los más pequeños.

Madre, tú que amparas a los

indígenas, campesinos y obreros.

Madre, tú que amparas a los niños

maltratados y abandonados.

Madre, tú que amparas a los enfermos,

ancianos y presos.

Madre, tú que amparas la vida del niño

no nacido.

Virgen, tú que comunicas el amor a la

castidad y pureza.

Virgen, tú que comunicas la búsqueda

de silencio y meditación.

Virgen, tú que comunicas el celo

apostólico por una nueva Evangelización.

María, Reina del cielo y de todo el

universo.

María, Reina de América.

Reina, tú que nos pides el respeto a

toda vida humana.

Reina, tú que nos pides la obediencia

a los derechos humanos.

Reina, tú que nos pides la real

protección de los derechos humanos.

Reina, tú que nos pides la

consagración a tu Corazón inmaculado.

Reina, tú que nos pides el rezo diario

del santo rosario.

Reina, tú que comunicas la caridad

con tus hermanos más indigentes.

Reina, tú que comunicas el deseo de

la entrega total a Cristo y a su Iglesia.

Reina, tú que comunicas la superación

de nuestros instintos egoístas.

Reina, tú que nos pides la reparación

de tantos crímenes contra la vida del alma

y del cuerpo.

Reina, tú que nos pides la solidaridad

cristiana con los hermanos más pobres.

María, signo celestial de la caída final

del maligno.

María, signo celestial que prepara la

última venida de Cristo.

María, signo celestial de victoria sobre

las herejías, sectas y el ateísmo.

María, signo celestial de consuelo y

esperanza de nosotros peregrinos.

María, signo celestial de nuestra

transformación gloriosa.

María, signo celestial de un nuevo

cielo y una nueva tierra.

V. Cordero de Dios, que quitas los

pecados del mundo

R. Perdónanos, Señor

V. Cordero de Dios, que quitas los

pecados del mundo

R. Escúchanos, Señor

V. Cordero de Dios, que quitas los

pecados del mundo

R. Ten misericordia de nosotros


ORACIÓN

Dios misericordioso, que quisiste que

tu Hijo unigénito proclamara desde la cruz

como Madre nuestra, a su propia Madre,

haz que tu Iglesia, por la mediación y

cooperación maternal de la Virgen María,

crezca cada día en santidad y atraiga a su

seno a todas las naciones. Por Jesucristo

nuestro Señor. Amén.

OTRA LETANÍA

V. Señor, ten piedad de nosotros

R. Señor, ten piedad de nosotros

V. Cristo, ten piedad de nosotros

R. Cristo, ten piedad de nosotros

V. Señor, ten piedad de nosotros

R. Señor, ten piedad de nosotros

A las siguientes invocaciones vamos a

responder: ¡RUEGA POR NOSOTROS!

Santa María

Hija predilecta del Padre

Madre del Hijo unigénito de Dios.

Consuelo del Espíritu Santo.

Templo del verdadero Dios por quien

se vive.

Madre del Dios único de todos los

hombres y pueblos.

Madre de Dios siempre cercana a

todos.

Madre del Dios de la Alianza.

Reveladora de Jesús en el Tepeyac.

Protectora de salud y vida.

Alegría de nuestra tierra.

Felicidad nuestra.

Río de luz de nuestro pueblo.

Arrullo de nuestra tierra.

Manantial de Esperanza.

Estrella de la Evangelización Mujer

vestida del sol.

Camino predilecto para llegar a Cristo.

Cumbre y monte de nuestra alegría.

Portadora de un mundo nuevo.

Aurora de nuestro caminar.

Madre y profeta reveladora del triunfo

de tu Hijo y de tu Iglesia.

Flor y canto de América.

Reina de toda la creación.

A las siguientes invocaciones vamos a

responder: ¡ENSÉÑANOS A VIVIR!

María, la de la palabra suave y dulce

que acaricia.

María, la que nos da al que es la vida.

María, la que tiene en sí al corazón del

cielo.

María, la que nos trae al sol de la

verdad y de la luz.

María, la que nos entrega la flor de la

gran verdad.

María, la que realiza en nuestra tierra

la alianza de Dios con nosotros.

María, jovencita hermosa, modelo de

todas las jóvenes

María, la que hace florecer y da vida al

Tepeyac.

María, la que nos pide su casita

sagrada para atendernos.

María, la que se hace solidaria con la

suerte de nuestro pueblo.

María, la que promociona al pobre y

desamparado.

María, la que ayuda a promover y

dignificar a los humildes de la tierra.

María, la que nos aquieta el corazón.

María, la que nos atrae y nos pone en

su regazo.

María, la que nos acerca más y más a

Jesús y a nuestros hermanos.

María, la que convierte a los

poderosos en servidores de los demás.

María, la que hace la unión de tantas

razas y pueblos dispersos.

A las siguientes invocaciones vamos a

responder: ¡ENSÉÑANOS A AMAR!

Madre, que conoces nuestros andares

y pesares.

Madre, que nos acoges y arrullas con

cantos celestiales.

Madre, que apaciguas nuestras

violencias y nos llamas a la reconciliación.

Madre, modelo y guía de todas

nuestras madres.

Madre, la más hermosa y gloriosa

mujer de toda la creación.

Tú, vida, dulzura y esperanza nuestra.

Tú, canto y victoria de Dios desde

nuestra tierra.

V. Cordero de Dios, que quitas los

pecados del mundo

R. Perdónanos, Señor

V. Cordero de Dios, que quitas los

pecados del mundo

R. Escúchanos, Señor

V. Cordero de Dios, que quitas los

pecados del mundo

R. Ten misericordia de nosotros

ORACIÓN

Bajo tu amparo nos acogemos, santa

Madre de Dios, no desprecies las súplicas

y oraciones que te hacemos en nuestras

necesidades. Antes bien, líbranos de

todos los peligros, oh Virgen gloriosa y

bendita. Ruega por nosotros, Santa Madre

de Dios, para que seamos dignos de

alcanzar las divinas gracias y promesas

de nuestro Señor Jesucristo. Amén.


ORACION FINAL

Reina y Madre 

Atraídos por el encanto de tu ternura

maternal y tu solicitud hacia nosotros,

venimos a consagrarte nuestras alegrías,

penas, sacrificios, angustias y dolores.

Porque eres para todos los mexicanos

una Madre que nos escucha, consuela y

atiende nuestras necesidades.

Eres alivio en el dolor, luz que

ahuyente nuestros temores; nos acoges

siempre como a pequeñitos y delicados.

Nos consagramos totalmente a ti, y en

ti depositamos nuestra confianza.

¡Santa María de Guadalupe, Reina de

México, conserva nuestra fe y salva

nuestra patria!


San Miguel Arcángel,

defiéndenos en la lucha. Sé nuestro

amparo contra las perversidades y

acechanzas del demonio. Que Dios

manifieste sobre él su admirable

Poder, es nuestra humilde súplica. Y

tú, oh Príncipe de la Milicia Celestial,

con el poder y la fuerza que Dios te

ha conferido, arroja al infierno a

satanás y a los demás espíritus

malignos que vagan por el mundo

para la perdición de las almas. Amén.


OREMOS POR LAS INTENCIONES DEL PAPA FRANCISCO

Para ganar las indulgencias

concedidas al rezo del Santo Rosario,

roguemos por la persona e intenciones

del Sumo Pontífice. Que el Señor lo

vivifique con su Aliento Divino. Lo colme

de sus dones. Lo fortalezca. Lo haga

santo y feliz en la tierra y no permita que

caiga en manos de sus enemigos.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

† Por la Señal de la Santa Cruz

† de nuestros enemigos,

† líbranos Señor, Dios nuestro.

† En el nombre del Padre y del Hijo y

del Espíritu Santo. Amén.



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