MISTERIOS DOLOROSOS
(Martes y Viernes)
† Por la Señal de la Santa
Cruz
† de nuestros enemigos,
† líbranos Señor, Dios
nuestro.
† En el nombre del Padre y del
Hijo y
del Espíritu Santo. Amén.
ORACIÓN PARA OFRECER LOS CUARENTA Y SEIS ROSARIOS A LA VIRGEN DE GUADALUPE
¡Oh, Purísima Virgen María de
Guadalupe!, a quien amo
tiernamente
como a mi verdadera y
dulcísima Madre,
dígnate admitirme en tu
sagrada
presencia; aquí vengo a
ofrecerte, en
unión de los Ángeles y de los
Santos, uno
de los cuarenta y seis
rosarios con que
deseo honrarte. Este número
debe de
serte muy agradable, puesto
que lo has
escogido para que sea el
número de las
estrellas, que adornan tu
regio manto.
También vengo, Soberana
Señora, a
pedirte el remedio de las
necesidades
públicas y de las particulares
que me
aquejan. (un momento de
silencio para
que cada quien exprese su
necesidad) ¿A
quién he de recurrir, si no a Ti
que eres mi
Madre? Muéstrame la suave
compasión
que mostrase a Juan Diego.
Verdad es que no lo merezco
porque
no tengo las virtudes de aquel
piadoso
indio; más espero de tu
misericordia que
me darás un corazón puro y
amante como
el suyo, para saber
agradecerte. Entonces
podré oír en el fondo de mi
alma que
alivias mi pena con aquellas
mismas
dulcísimas palabras que
dijiste “Hijito mío
no te aflijas ¿Por ventura no
estoy aquí yo
que soy tu Madre? ¿Por
ventura, no estás
acogido bajo mi amparo?” “¿Se
te ofrece
otra cosa?”… Sí, Madre mía, sí
se me
ofrece otra cosa, además de la
gracia que
te estoy pidiendo, te suplico
que bendigas
a tu nación mexicana, para que
venga a
ella el Reinado de Jesucristo.
De un modo
especial, protege a los que te
son más
devotos, para que formando tu
familia
íntima en esta vida, tengamos
la dicha de
formar parte en tu corte
predilecta en el
cielo, donde contigo
alabaremos
eternamente al Padre, y al
Hijo y al Espíritu
Santo. Amén.
ACTO DE CONTRICIÓN:
Señor Jesucristo, que por mi
amor
quisiste nacer en un pesebre y
morir en la
cruz, ¡qué grande ha sido mi
deslealtad!
¡qué grande mi atrevimiento
cada vez que
he faltado a tu ley de amor!
Tú, Señor,
mostrándote misericordioso
conmigo te
manifiestas Dios, pues en tu
ser infinito
cabe infinita bondad. Imploro
tu perdón
tanto más necesario cuanto más
pecador
me confieso.
¡Perdón, Señor mío! Te ofendí
y al
considerarlo siento gran
tristeza, pero al
verte en la cruz, mi confianza
renace, por
eso, desde el fondo de mi
alma, te digo
como el salmista: ¡Apiádate de
mi Dios
mío según tu gran
misericordia! Amén.
OFRECIMIENTO:
Acuérdate, ¡Oh piadosísima
Virgen
María!, que jamás se ha oído
decir que
ninguno de los que han acudido
a tu
protección, implorando tu
asistencia y
reclamando tu socorro, haya
sido
desamparado de ti. Animado por
esta
confianza, a ti acudo, oh
Madre, Virgen de
Vírgenes, y gimiendo bajo el
peso de mis
pecados me atrevo a comparecer
ante tu
presencia soberana. Oh, Madre
de Dios, no
deseches mis súplicas, antes
bien,
escúchalas y acógelas
benignamente.
Amén.
GLORIA:
Gloria al Padre, y al Hijo, y
al Espíritu
Santo. Como era en el
principio, ahora y
siempre, por los siglos de los
siglos.
Amén.
V. Mi corazón en amarte
eternamente
se ocupe.
R. Y mi lengua en alabarte,
Madre mía
de Guadalupe.
V. San Juan Diego, predilecto
de
María.
R. Oye benigno mi ruego y sé
tú mi
protector y guía.
PRIMER MISTERIO DOLOROSO: LA
ORACIÓN DE JESÚS EN EL HUERTO
DE
LOS OLIVOS
(Lucas 22, 44). “En medio de
la angustia, él oraba más
intensamente, y su sudor era
como gotas de sangre que
corrían hasta el suelo.”
PRIMERA PLEGARIA.
Madre nuestra, te suplicamos
que en
las horas amargas de la vida,
cuando la
angustia y la aflicción nos
lastimen,
sepamos escuchar en lo íntimo
del alma tu
voz consoladora, como el
dichoso Juan
Diego en el Tepeyac. Concede a
quienes
contemplamos con fe tu bendita
imagen
de Guadalupe gozar por
anticipado la
felicidad que en la casa del
Padre nos
espera, a cambio de lo cual
aceptamos
sobrellevar con firmeza los
trabajos que
Dios nos enviare. Amén.
1 PADRE NUESTRO:
Padre nuestro, que estás en el
cielo,
santificado sea tu nombre,
venga a
nosotros tu reino, hágase tu
voluntad, en
la tierra como en el cielo.
Danos hoy
nuestro pan de cada día,
perdona
nuestras ofensas, como también
nosotros
perdonamos a los que nos
ofenden. No
nos dejes caer en tentación y
líbranos del
mal. Amén.
10 AVE MARÍA:
Dios te salve, María, llena
eres de
gracia, el Señor es contigo,
bendita tú eres
entre todas las mujeres y
bendito es el
fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María,
Madre de Dios y Madre nuestra,
ruega por
nosotros, los pecadores, ahora
y en la
hora de nuestra muerte. Amén.
1 GLORIA:
Gloria al Padre, y al Hijo, y
al Espíritu
Santo. Como era en el
principio, ahora y
siempre, por los siglos de los
siglos.
Amén.
V. Mi corazón en amarte
eternamente
se ocupe.
R. Y mi lengua en alabarte,
Madre mía
de Guadalupe.
V. San Juan Diego, predilecto
de
María.
R. Oye benigno mi ruego y sé
tú mi
protector y guía.
SEGUNDO MISTERIO DOLOROSO: LA
FLAGELACIÓN DE JESÚS ATADO A
LA
COLUMNA
(Juan 19, 1). “Pilato mandó
entonces azotar a Jesús.”
SEGUNDA PLEGARIA.
Madre de Dios y Madre nuestra,
te
pedimos que así como en el
Tepeyac te
dignaste salir al encuentro de
Juan Diego
temeroso y apocado que te
rehuía, te
dignes asistirnos con tu
presencia
materna en el trance de la
muerte y
consolarnos en la agonía. De
tu valiosa
solicitud esperamos la dicha
de
contemplar a Dios tal y como
es por toda
la eternidad. Amén.
1 PADRE NUESTRO:
Padre nuestro, que estás en el
cielo,
santificado sea tu nombre, venga
a
nosotros tu reino, hágase tu
voluntad, en
la tierra como en el cielo.
Danos hoy
nuestro pan de cada día,
perdona
nuestras ofensas, como también
nosotros
perdonamos a los que nos
ofenden. No
nos dejes caer en tentación y
líbranos del
mal. Amén.
10 AVE MARÍA:
Dios te salve, María, llena
eres de
gracia, el Señor es contigo,
bendita tú eres
entre todas las mujeres y
bendito es el
fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María,
Madre de Dios y Madre nuestra,
ruega por
nosotros, los pecadores, ahora
y en la
hora de nuestra muerte. Amén.
1 GLORIA:
Gloria al Padre, y al Hijo, y
al Espíritu
Santo. Como era en el
principio, ahora y
siempre, por los siglos de los
siglos.
Amén.
V. Mi corazón en amarte
eternamente
se ocupe.
R. Y mi lengua en alabarte,
Madre mía
de Guadalupe.
V. San Juan Diego, predilecto
de
María.
R. Oye benigno mi ruego y sé
tú mi
protector y guía.
TERCER MISTERIO DOLOROSO: LA
CORONACIÓN DE ESPINAS DE
NUESTRO
SEÑOR JESUCRISTO.
(Juan 19, 2) “Los soldados
tejieron una corona de espinas
y se la pusieron sobre la
cabeza. Lo revistieron con un manto
rojo”
TERCERA PLEGARIA.
Madre de todos los hombres, te
suplicamos que así como
consolaste a
Juan Diego, abatido por la
enfermedad
que minaba la salud y fuerza
de su tío,
acudas en auxilio nuestro
cuantas veces
nos apartemos de la virtud y
atentemos
contra el amor. Madre Santa,
que resuene
en nuestros oídos aquel ¿A
dónde vas,
hijo mío?, que dijiste a Juan
Diego y que
al oírlo dejemos el camino de
la mentira,
del fraude, la
irresponsabilidad y
comencemos de nuevo a servir a
Dios
Amén.
1 PADRE NUESTRO:
Padre nuestro, que estás en el
cielo,
santificado sea tu nombre,
venga a
nosotros tu reino, hágase tu
voluntad, en
la tierra como en el cielo.
Danos hoy
nuestro pan de cada día,
perdona
nuestras ofensas, como también
nosotros
perdonamos a los que nos
ofenden. No
nos dejes caer en tentación y
líbranos del
mal. Amén.
10 AVE MARÍA:
Dios te salve, María, llena
eres de
gracia, el Señor es contigo,
bendita tú eres
entre todas las mujeres y
bendito es el
fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María,
Madre de Dios y Madre nuestra,
ruega por
nosotros, los pecadores, ahora
y en la
hora de nuestra muerte. Amén.
1 GLORIA:
Gloria al Padre, y al Hijo, y
al Espíritu
Santo. Como era en el
principio, ahora y
siempre, por los siglos de los
siglos.
Amén.
V. Mi corazón en amarte
eternamente
se ocupe.
R. Y mi lengua en alabarte,
Madre mía
de Guadalupe.
V. San Juan Diego, predilecto
de
María.
R. Oye benigno mi ruego y sé
tú mi
protector y guía.
CUARTO MISTERIO DOLOROSO:
JESÚS CARGA CON LA CRUZ A CUESTAS.
(Juan 19, 17) “Jesús, cargando
sobre sí la cruz, salió de la
ciudad para dirigirse al lugar
llamado «del Cráneo», en
hebreo «Gólgota».”
CUARTA PLEGARIA.
Madre de los mexicanos, te
suplicamos que así como
brotaron rosas
frescas y fragantes en el
árido Tepeyac y
se imprimía tu divina imagen
en la tilma de
Juan Diego, te dignes hacer
florecer en
nuestra alma el amor para que
en ellas te
retrates tú, purísima Madre, y
podamos
esperar con inquebrantable fe
un tránsito
feliz de esta vida a la
eterna. Amén.
1 PADRE NUESTRO:
Padre nuestro, que estás en el
cielo,
santificado sea tu nombre,
venga a
nosotros tu reino, hágase tu
voluntad, en
la tierra como en el cielo.
Danos hoy
nuestro pan de cada día,
perdona
nuestras ofensas, como también
nosotros
perdonamos a los que nos
ofenden. No
nos dejes caer en tentación y
líbranos del
mal. Amén.
10 AVE MARÍA:
Dios te salve, María, llena
eres de
gracia, el Señor es contigo,
bendita tú eres
entre todas las mujeres y
bendito es el
fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María,
Madre de Dios y Madre nuestra,
ruega por
nosotros, los pecadores, ahora
y en la
hora de nuestra muerte. Amén.
1 GLORIA:
Gloria al Padre, y al Hijo, y
al Espíritu
Santo. Como era en el
principio, ahora y
siempre, por los siglos de los
siglos.
Amén.
V. Mi corazón en amarte
eternamente
se ocupe.
R. Y mi lengua en alabarte,
Madre mía
de Guadalupe.
V. San Juan Diego, predilecto
de
María.
R. Oye benigno mi ruego y sé
tú mi
protector y guía.
QUINTO MISTERIO DOLOROSO: LA
CRUCIFIXIÓN Y MUERTE DE
NUESTRO
SEÑOR JESUCRISTO.
(Juan 19, 18) “Allí lo
crucificaron; y con él a otros dos, uno
a cada lado y Jesús en el
medio.”
QUINTA PLEGARIA.
Madre de los mártires, te
suplicamos
que, así como el neófito Juan
Diego, tu
embajador, se sintió tan
hondamente
solidario ante las necesidades
de sus
semejantes, y alcanzó por tu
mediación
ante Dios la salud de su
afligido tío Juan
Bernardino, te dignes
alcanzarnos la
gracia de vivir ese espíritu
de servicio a
los demás como verdaderos
hermanos de
Jesús. Amén.
1 PADRE NUESTRO:
Padre nuestro, que estás en el
cielo,
santificado sea tu nombre,
venga a
nosotros tu reino, hágase tu
voluntad, en
la tierra como en el cielo.
Danos hoy
nuestro pan de cada día,
perdona
nuestras ofensas, como también
nosotros
perdonamos a los que nos
ofenden. No
nos dejes caer en tentación y
líbranos del
mal. Amén.
10 AVE MARÍA:
Dios te salve, María, llena
eres de
gracia, el Señor es contigo,
bendita tú eres
entre todas las mujeres y
bendito es el
fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María,
Madre de Dios y Madre nuestra,
ruega por
nosotros, los pecadores, ahora
y en la
hora de nuestra muerte. Amén.
1 GLORIA:
Gloria al Padre, y al Hijo, y
al Espíritu
Santo. Como era en el
principio, ahora y
siempre, por los siglos de los
siglos.
Amén.
V. Mi corazón en amarte
eternamente
se ocupe.
R. Y mi lengua en alabarte,
Madre mía
de Guadalupe.
V. San Juan Diego, predilecto
de
María.
R. Oye benigno mi ruego y sé
tú mi
protector y guía.
AL FINALIZAR EL ROSARIO
V. ¡Oh Soberano santuario,
sagrario
del Verbo eterno!
R. Libra, Virgen, del
infierno, a quienes
rezan tu Santo Rosario
V. Emperatriz, poderosa, de
los
mortales consuelo.
R. Ábrenos, Virgen, el cielo,
con una
muerte dichosa.
V. Y danos pureza de alma.
R. Tú que eres tan poderosa.
V. Dios te salve María
santísima,
Estrella de la mañana, faro
resplandeciente que nos
conduce al
puerto de salvación, luz
divina que ilumina
a los bienaventurados. Dios te
salve María
Santísima, hija de Dios Padre,
virgen
purísima y castísima antes del
parto, en
tus manos encomendamos nuestra
fe
para que la ilumines. Llena
eres de gracia,
el Señor es contigo, bendita
tú eres entre
todas las mujeres y bendito es
el fruto de
tu vientre, Jesús.
R. Santa María, Madre de Dios
y Madre
nuestra, ruega por nosotros,
los
pecadores, ahora, y en la hora
de nuestra
muerte. Amén.
V. Dios te salve María
Santísima, vida
de los santos, alegría de los
ángeles,
esperanza de los hombres, nube
luminosa
a cuyo seno bajó el Hijo de
Dios. Dios te
salve María Santísima, Madre
de Dios Hijo,
virgen purísima en el parto,
en tus manos
encomendamos nuestra esperanza
para
que la alientes. Llena eres de
gracia, el
Señor es contigo, bendita tú
eres entre
todas las mujeres y bendito es
el fruto de
tu vientre, Jesús.
R. Santa María, Madre de Dios
y Madre
nuestra, ruega por nosotros,
los
pecadores, ahora, y en la hora
de nuestra
muerte. Amén.
V. Dios te salve María
Santísima,
modelo de amor, lirio de
pureza, imagen
viva de castidad. Dios te
salve María
Santísima, esposa de Dios
Espíritu Santo,
virgen purísima después del
parto, en tus
manos encomendamos nuestra
caridad
para que la inflames, nuestras
necesidades para que las remedies,
nuestras almas para que las
salves. Llena
eres de gracia, el Señor es
contigo,
bendita tú eres entre todas
las mujeres y
bendito es el fruto de tu
vientre, Jesús.
R. Santa María, Madre de Dios
y Madre
nuestra, ruega por nosotros,
los
pecadores, ahora, y en la hora
de nuestra
muerte. Amén.
Dios te salve María Santísima,
océano
de gracias, manantial de
misericordia,
soberana emperatriz del cielo
y de la
tierra. Dios te salve María
Santísima,
templo, trono y sagrario de la
Santísima
Trinidad. Virgen concebida sin
la culpa del
pecado original.
Dios te salve, Reina y Madre
de
misericordia, vida y dulzura y
esperanza
nuestra: Dios te salve. A ti
llamamos los
desterrados hijos de Eva; a ti
suspiramos,
gimiendo y llorando en este
valle de
lágrimas. Ea, pues, Señora
abogada
nuestra, vuelve a nosotros
esos tus ojos
misericordiosos y, después de
este
destierro, muéstranos a Jesús,
fruto
bendito de tu vientre. ¡Oh
clementísima!
¡oh piadosa! ¡oh dulce Virgen
María!
Ruega por nosotros santa Madre
de Dios,
para que seamos dignos de
alcanzar las
divinas gracias y promesas de
nuestro
Señor Jesucristo. Amén.
}
De tus divinos ojos, oh María
penden
nuestras felicidades ¡Míranos,
Señora, y
no nos desampares!
L E T A N Í A
V. Señor, ten piedad de
nosotros
R. Señor, ten piedad de
nosotros
V. Cristo, ten piedad de
nosotros
R. Cristo, ten piedad de
nosotros
V. Señor, ten piedad de
nosotros
R. Señor, ten piedad de
nosotros
A las siguientes invocaciones
vamos a
responder: ¡RUEGA POR
NOSOTROS!
Santa María.
Hija predilecta del Padre.
Madre del Verbo Encarnado.
Templo del Espíritu Santo.
Virgen purísima, preservada
del
pecado original.
María, hija fiel de Sión.
María, obediente, pobre y
humilde.
María, llena de gracia y de
todas las
virtudes.
María, discípula perfecta de
Cristo.
María, atravesada por la
espada del
dolor.
María, entregada al apóstol
Juan y a
todos nosotros.
María, imagen purísima de la
iglesia.
Santa María de Guadalupe.
Mujer vestida del sol eterno.
Mujer coronada de Estrellas
del cielo.
Mujer con la luna perecedera
bajo tus
pies.
Estrella de la Evangelización.
Madre del verdadero Dios por
quien se
vive.
Madre, tú que amparaste a Juan
Diego
y a los más pequeños.
Madre, tú que amparas a los
indígenas, campesinos y
obreros.
Madre, tú que amparas a los
niños
maltratados y abandonados.
Madre, tú que amparas a los
enfermos,
ancianos y presos.
Madre, tú que amparas la vida
del niño
no nacido.
Virgen, tú que comunicas el
amor a la
castidad y pureza.
Virgen, tú que comunicas la
búsqueda
de silencio y meditación.
Virgen, tú que comunicas el
celo
apostólico por una nueva
Evangelización.
María, Reina del cielo y de
todo el
universo.
María, Reina de América.
Reina, tú que nos pides el
respeto a
toda vida humana.
Reina, tú que nos pides la
obediencia
a los derechos humanos.
Reina, tú que nos pides la
real
protección de los derechos
humanos.
Reina, tú que nos pides la
consagración a tu Corazón
inmaculado.
Reina, tú que nos pides el
rezo diario
del santo rosario.
Reina, tú que comunicas la
caridad
con tus hermanos más
indigentes.
Reina, tú que comunicas el
deseo de
la entrega total a Cristo y a
su Iglesia.
Reina, tú que comunicas la
superación
de nuestros instintos
egoístas.
Reina, tú que nos pides la
reparación
de tantos crímenes contra la
vida del alma
y del cuerpo.
Reina, tú que nos pides la
solidaridad
cristiana con los hermanos más
pobres.
María, signo celestial de la
caída final
del maligno.
María, signo celestial que
prepara la
última venida de Cristo.
María, signo celestial de
victoria sobre
las herejías, sectas y el
ateísmo.
María, signo celestial de
consuelo y
esperanza de nosotros
peregrinos.
María, signo celestial de
nuestra
transformación gloriosa.
María, signo celestial de un
nuevo
cielo y una nueva tierra.
V. Cordero de Dios, que quitas
los
pecados del mundo
R. Perdónanos, Señor
V. Cordero de Dios, que quitas
los
pecados del mundo
R. Escúchanos, Señor
V. Cordero de Dios, que quitas
los
pecados del mundo
R. Ten misericordia de
nosotros
ORACIÓN
Dios misericordioso, que
quisiste que
tu Hijo unigénito proclamara
desde la cruz
como Madre nuestra, a su
propia Madre,
haz que tu Iglesia, por la
mediación y
cooperación maternal de la
Virgen María,
crezca cada día en santidad y
atraiga a su
seno a todas las naciones. Por
Jesucristo
nuestro Señor. Amén.
OTRA LETANÍA
V. Señor, ten piedad de
nosotros
R. Señor, ten piedad de
nosotros
V. Cristo, ten piedad de
nosotros
R. Cristo, ten piedad de
nosotros
V. Señor, ten piedad de
nosotros
R. Señor, ten piedad de
nosotros
A las siguientes invocaciones
vamos a
responder: ¡RUEGA POR
NOSOTROS!
Santa María
Hija predilecta del Padre
Madre del Hijo unigénito de
Dios.
Consuelo del Espíritu Santo.
Templo del verdadero Dios por
quien
se vive.
Madre del Dios único de todos
los
hombres y pueblos.
Madre de Dios siempre cercana
a
todos.
Madre del Dios de la Alianza.
Reveladora de Jesús en el
Tepeyac.
Protectora de salud y vida.
Alegría de nuestra tierra.
Felicidad nuestra.
Río de luz de nuestro pueblo.
Arrullo de nuestra tierra.
Manantial de Esperanza.
Estrella de la Evangelización
Mujer
vestida del sol.
Camino predilecto para llegar
a Cristo.
Cumbre y monte de nuestra
alegría.
Portadora de un mundo nuevo.
Aurora de nuestro caminar.
Madre y profeta reveladora del
triunfo
de tu Hijo y de tu Iglesia.
Flor y canto de América.
Reina de toda la creación.
A las siguientes invocaciones
vamos a
responder: ¡ENSÉÑANOS A VIVIR!
María, la de la palabra suave
y dulce
que acaricia.
María, la que nos da al que es
la vida.
María, la que tiene en sí al
corazón del
cielo.
María, la que nos trae al sol
de la
verdad y de la luz.
María, la que nos entrega la
flor de la
gran verdad.
María, la que realiza en
nuestra tierra
la alianza de Dios con
nosotros.
María, jovencita hermosa,
modelo de
todas las jóvenes
María, la que hace florecer y
da vida al
Tepeyac.
María, la que nos pide su
casita
sagrada para atendernos.
María, la que se hace
solidaria con la
suerte de nuestro pueblo.
María, la que promociona al
pobre y
desamparado.
María, la que ayuda a promover
y
dignificar a los humildes de
la tierra.
María, la que nos aquieta el
corazón.
María, la que nos atrae y nos
pone en
su regazo.
María, la que nos acerca más y
más a
Jesús y a nuestros hermanos.
María, la que convierte a los
poderosos en servidores de los
demás.
María, la que hace la unión de
tantas
razas y pueblos dispersos.
A las siguientes invocaciones
vamos a
responder: ¡ENSÉÑANOS A AMAR!
Madre, que conoces nuestros
andares
y pesares.
Madre, que nos acoges y
arrullas con
cantos celestiales.
Madre, que apaciguas nuestras
violencias y nos llamas a la
reconciliación.
Madre, modelo y guía de todas
nuestras madres.
Madre, la más hermosa y
gloriosa
mujer de toda la creación.
Tú, vida, dulzura y esperanza
nuestra.
Tú, canto y victoria de Dios
desde
nuestra tierra.
V. Cordero de Dios, que quitas
los
pecados del mundo
R. Perdónanos, Señor
V. Cordero de Dios, que quitas
los
pecados del mundo
R. Escúchanos, Señor
V. Cordero de Dios, que quitas
los
pecados del mundo
R. Ten misericordia de
nosotros
ORACIÓN
Bajo tu amparo nos acogemos,
santa
Madre de Dios, no desprecies
las súplicas
y oraciones que te hacemos en
nuestras
necesidades. Antes bien,
líbranos de
todos los peligros, oh Virgen
gloriosa y
bendita. Ruega por nosotros,
Santa Madre
de Dios, para que seamos
dignos de
alcanzar las divinas gracias y
promesas
de nuestro Señor Jesucristo.
Amén.
ORACION FINAL
Reina y Madre
Atraídos por el encanto de tu
ternura
maternal y tu solicitud hacia
nosotros,
venimos a consagrarte nuestras
alegrías,
penas, sacrificios, angustias
y dolores.
Porque eres para todos los
mexicanos
una Madre que nos escucha, consuela
y
atiende nuestras necesidades.
Eres alivio en el dolor, luz
que
ahuyente nuestros temores; nos
acoges
siempre como a pequeñitos y
delicados.
Nos consagramos totalmente a
ti, y en
ti depositamos nuestra
confianza.
¡Santa María de Guadalupe,
Reina de
México, conserva nuestra fe y
salva
nuestra patria!
San Miguel Arcángel,
defiéndenos en la lucha. Sé
nuestro
amparo contra las
perversidades y
acechanzas del demonio. Que
Dios
manifieste sobre él su
admirable
Poder, es nuestra humilde
súplica. Y
tú, oh Príncipe de la Milicia
Celestial,
con el poder y la fuerza que
Dios te
ha conferido, arroja al
infierno a
satanás y a los demás
espíritus
malignos que vagan por el
mundo
para la perdición de las
almas. Amén.
OREMOS POR LAS INTENCIONES DEL PAPA FRANCISCO
Para ganar las indulgencias
concedidas al rezo del Santo
Rosario,
roguemos por la persona e
intenciones
del Sumo Pontífice. Que el
Señor lo
vivifique con su Aliento
Divino. Lo colme
de sus dones. Lo fortalezca.
Lo haga
santo y feliz en la tierra y
no permita que
caiga en manos de sus
enemigos.
Padre Nuestro, Ave María y
Gloria.
† Por la Señal de la Santa
Cruz
† de nuestros enemigos,
† líbranos Señor, Dios
nuestro.
† En el nombre del Padre y del
Hijo y
del Espíritu Santo. Amén.
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